Acompáñame a estar solo
Acompáñame al silencio
De charlar sin las palabras
A saber que estás ahí y yo a tu lado
Acompáñame a lo absurdo de abrazarnos sin contacto
Tú en tu sitio yo en el mío
Como un ángel de la guarda
Acompáñame a estar solo

¡No lo puedo creer! Acabo de citar a Ricardo Arjona, poeta de supermercado, dicen por ahí, poeta al fin, digo yo (y les puedo asegurar que me gusta más bien nada de lo que él hace).
Esa frase tiene su eco en mí... Porque sí es cierto que el otro día tenía muchas ganas de estar sola, traté de no estarlo en todo el día. Sé que suena contradictorio, pero tengo mucho de esa frase. No sé estar sola. Me gusta la soledad en compañía. Esa en la que él otro sabe sabe que debe estar ahí acompañándome, sin más que estando ahí. Mirando la nada, mirándonos, escuchando nuestros silencios.
Mis deseos de estar sola nunca implican el "sola con mi alma", el día que realmente esté así. Ya no querré estar aquí.
Y no me gusta la gente que se ampara en los deseos del otro de estar solo, para no estar. Siempre lo dije y lo sostengo, prefiero el que molesta por querer ayudar, que el que desaprece en pro de "respeto". A mí molestenme, llamenme, escríbanme, estén presentes, porque sino, no entiendo las señales de humo. Gracias.
Gracias a los que a su manera estuvieron: a los que escribieron, a los que me dijeron "no sé que decir", a los que inclinaron la cabeza, a los que me tocaron el hombro. A los demás, espero que hayan entendido qué tipo de soledad me gusta. Gracias y hasta la próxima.

Cuenta con mi prsencia siempre a tu lado aunque no me puedas ver.
Saludos
Tribi